Breaking News
Loading...
sábado, 21 de febrero de 2015


Por Juan Cabrera Periodista tecnológico
Hace unos días saltó la noticia (todo o casi todo lo que atañe a los dirigentes de Podemos tiene una relevancia desmesurada) de que Juan Carlos Monedero, uno de los fundadores de la formación y presentado como su principal ideólogo, "exageró su currículo profesional".En primera instancia, Monedero había dicho que había trabajado para el Banco Central Europeo, y en realidad sólo había elaborado un estudio de 80 páginas para la institución, a medias con otro especialista. El tema ahora es que Monedero había afirmado que había sido profesor invitado en la prestigiosa Universidad Humboldt de Berlín, la más antigua de Alemania, y en la mexicana de Puebla, sin que los periodistas pudieran confirmarlo.
Sea más o menos cierto que Monedero infló su currículo, el caso es que no debería sorprendernos. De hecho, cabe preguntarse quién no ha inflado en algún punto su currículo, adornándolo con un máster que no lo era del todo, alargando con anglicismos una triste formación que le han dado en la empresa, haciendo constar un curso que nunca pudo terminar o atribuyéndose un nivel de inglés superior al que puede acreditar. Sé que un político debe estar bajo lupa y que debe ser honesto, pero también creo que en este caso tenemos la piel muy fina y caemos en aquella hipocresía que tanto detestamos cuando viene de otras latitudes.
Aquí (y me temo que en muchas partes) a base de inflar el currículo, lo hemos acabado por devaluar totalmente. Un currículo sirve hoy para muy poco en España, y sólo los poco avisados siguen mandándolos a las empresas en las que quieren trabajar. De todos es sabido que nadie se los lee (entre otras cosas porque son muy largos y hay cientos, lo que los hace inmanejables para los diezmados departamentos de recursos humanos de las compañías). Tan sólo sirven para estar (y exagerar virtudes) en redes sociales como Linkedin, que -es verdad- empiezan a ser consultadas cuando se trata de cubrir una vacante. En cualquier caso, siempre han funcionado mejor los contactos personales y, en menor medida, la experiencia profesional, y me temo que así seguirá siendo, a pesar de tanto paro y de tanta crisis.
Conozco a profesionales que, cuando no han tenido más remedio que irse a la calle, no han tardado ni horas en reinventarse y aparecer como consultores -o mejor, senior consultants, que pinta más- o en convertirse en CEO o directores generales de sí mismos. Todo, otra vez, para engordar una presentación en la que nadie cree.
No creo que sea justificable que Monedero en algún momento se presentara como profesor estrella de una universidad extranjera, cuando realmente entraba por la puerta de atrás. Tampoco que dijera que había estado en centros en los que nadie le vio. Como tampoco es justificable que Iñigo Errejón, otro de los líderes de Podemos que están bajo lupa, siguiera cobrando de la Universidad de Málaga por una investigación que le exigía dedicación plena cuando ya estaba en Madrid dedicado a otras tareas.
Sin embargo, creo que, más que el individuo, aquí falla el sistema o la laxa moral compartida que legitima estas verdades a medias y el impago sistemático del IVA, o que hace que un señor que piratea software o burla a Hacienda no se lleve una mirada de reprobación, sino más bien lo contrario. Monedero y Errejón son productos de un sistema universitario perverso dominado por la endogamia y el amiguismo, articulado alrededor de falsos tribunales y de oposiciones opacas y amañadas para favorecer al candidato de la casa y obstaculizar al foráneo, por más honores que acredite. De hecho, Errejón consiguió el contrato de investigador externo a través de una convocatoria pública, pero una convocatoria a la que finalmente sólo concurrió él. Monedero, Errejón e Iglesias son piezas de un engranaje, en este caso el sistema docente, montado para perpetuarse como "la casta" tantas veces criticada. En fin, lo que otros llamarían "un chiringuito".

0 comentarios:

Publicar un comentario