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viernes, 20 de febrero de 2015

No hay 'caza de brujas', sino búsqueda de transparencia


Lo PRIMERO que se puede decir de la rueda de prensa que ofreció ayer Juan Carlos Monedero sobre sus trabajos en Venezuela es que se comportó como lo han hecho tantos políticos de la casta implicados en asuntos similares al suyo. No hubo ninguna diferencia entre su pseudodefensa y las de los cargos públicos a los que una investigación periodística ha pillado metidos en negocios turbios: «Soy inocente y no me atacan a mí, sino a lo que represento», vino a decir el número 3 de Podemos. Monedero empezó su comparecencia afirmando que quería defenderse de «un ataque propiciado por el régimen del 78», de una «caza de brujas» y de un «bombardeo mediático» contra Podemos, pero no aportó datos ni documentación que refutaran las revelaciones de EL MUNDO y de otros medios de comunicación sobre sus trabajos realizados para Venezuela.
Monedero no despejó ninguna duda sobre la cuestión fundamental: el informe realizado para gobiernos del ALBA por el que consta que cobró 425.150 euros. Ni exhibió dicho informe, ni tampoco el contrato con los venezolanos. Presentó una factura con fecha 31 de octubre de 2013 de Caja de Resistencia Motiva2 -la empresa del propio Monedero- por la realización de esos trabajos, pero por un importe de 425.000 euros, distinto, por lo tanto, del que constaba en los registros. Además, resulta difícil de entender que, como se refleja en esa misma factura, el pago único se hiciera en octubre de 2013 por trabajos realizados entre 2010 y el 31 de diciembre de 2014.
Un mes después de que aparecieran las primeras informaciones sobre esos estudios, tiempo durante el que Monedero ha estado buscando pruebas para contrarrestar las acusaciones contra él, lo único nuevo que aportó fue el título del supuesto informe, cosa que intentó justificar diciendo que no podía mostrar el estudio porque era «confidencial». Sí reconoció que pagó a la empresa venezolana Viu Europa, con sede en Alcobendas, como publicamos ayer. Sobre la tributación de sus ingresos por los estudios y sobre la incompatibilidad de su trabajo en Venezuela con el puesto de profesor en la Universidad española, Monedero exhibió informes de unos expertos privados que, según él, avalan su actuación respecto al pago de impuestos y a su relación contractual con la Complutense.
Pero si Monedero dejó muchas lagunas en sus declaraciones, sus silencios sobre otros temas resultaron clamorosos. Es llamativo que un «defensor del Estado de derecho», como se autoproclamó ayer, no hiciera ni una sola mención en su comparecencia al atropello a la libertad que supuso la detención, la noche anterior, del alcalde de Caracas, opositor al régimen de Maduro. Y que alguien que pertenece a un partido de «patriotas», como afirma Pablo Iglesias, no defienda a su país y a su Gobierno cuando es acusado por un régimen extranjero de formar parte de un eje de «conspiración permanente», como hizo ayer el presidente de Venezuela. Tampoco es admisible su silencio sobre la solicitud de extradición del etarra José Ignacio de Juana Chaos, localizado en el pueblo venezolano de Chichiriviche por este periódico.
Monedero no puede escudarse en el motivo de la convocatoria -el famoso informe- para no contestar a preguntas directas que afectan a cuestiones básicas de la vida democrática española. No hay ninguna «caza de brujas», ni nadie es blanco de una campaña organizada desde los centros de poder. Podemos y sus líderes ya forman parte del sistema político español. Por tanto, deben someterse también al escrutinio público en lo que se refiere a la transparencia y a la rendición de cuentas, como el resto de partidos. El profesor Monedero ha suspendido su primer examen.

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